jueves, 29 de noviembre de 2012

La abeja haragana

La abeja haragana   (Horacio Quiroga)

Había una vez en una colmena una abeja que no quería trabajar, es decir, recorría los árboles uno por uno para tomar el jugo de las flores; pero en vez de conservarlo para convertirlo en miel, se lo tomaba del todo.

Era, pues, una abeja haragana. Todas las mañanas apenas el sol calentaba el aire, la abejita se asomaba a la puerta de la colmena, veía que hacía buen tiempo, se peinaba con las patas, como hacen las moscas, y echaba entonces a volar, muy contenta del lindo día. Zumbaba muerta de gusto de flor en flor, entraba en la colmena, volvía a salir, y así se lo pasaba todo el día mientras las otras abejas se mataban trabajando para llenar la colmena de miel, porque la miel es el alimento de las abejas recién nacidas.

Como las abejas son muy serias, comenzaron a disgustarse con el proceder de la hermana haragana. En la puerta de las colmenas hay siempre unas cuantas abejas que están de guardia para cuidar que no entren bichos en la colmena. Estas abejas suelen ser muy viejas, con gran experiencia de la vida y tienen el lomo pelado porque han perdido todos los pelos al rozar contra la puerta de la colmena.

Un día, pues, detuvieron a la abeja haragana cuando iba a entrar, diciéndole:

-Compañera: es necesario que trabajes, porque todas las abejas debemos trabajar.

La abejita contestó:

-Yo ando todo el día volando, y me canso mucho.

-No es cuestión de que te canses mucho -respondieron-, sino de que trabajes un poco. Es la primera advertencia que te hacemos.

Y diciendo así la dejaron pasar.

Pero la abeja haragana no se corregía. De modo que a la tarde siguiente las abejas que estaban de guardia le dijeron:

-Hay que trabajar, hermana.

Y ella respondió en seguida:

-¡Uno de estos días lo voy a hacer!

-No es cuestión de que lo hagas uno de estos días -le respondieron-, sino mañana mismo. Acuérdate de esto. Y la dejaron pasar.

Al anochecer siguiente se repitió la misma cosa. Antes de que le dijeran nada, la abejita exclamó:

-¡Sí, sí, hermanas! ¡Ya me acuerdo de lo que he prometido!

-No es cuestión de que te acuerdes de lo prometido -le respondieron-, sino de que trabajes. Hoy es diecinueve de abril. Pues bien: trata de que mañana veinte, hayas traído una gota siquiera de miel. Y ahora, pasa.

Y diciendo esto, se apartaron para dejarla entrar.

Pero el veinte de abril pasó en vano como todos los demás. Con la diferencia de que al caer el sol el tiempo se descompuso y comenzó a soplar un viento frío.

La abejita haragana voló apresurada hacia su colmena, pensando en lo calentito que estaría allá adentro. Pero cuando quiso entrar, las abejas que estaban de guardia se lo impidieron.

-¡No se entra! -le dijeron fríamente.

-¡Yo quiero entrar! -clamó la abejita-. Esta es mi colmena.

-Esta es la colmena de unas pobres abejas trabajadoras- le contestaron las otras-. No hay entrada para las haraganas.

-¡Mañana sin falta voy a trabajar! -insistió la abejita.

-No hay mañana para las que no trabajan- respondieron las abejas, que saben mucha filosofía.

Y diciendo esto la empujaron afuera.

La abejita, sin saber qué hacer, voló un rato aún; pero ya la noche caía y se veía apenas. Quiso cogerse de una hoja, y cayó al suelo. Tenía el cuerpo entumecido por el aire frío, y no podía volar más.

Arrastrándose entonces por el suelo, trepando y bajando de los palitos y piedritas, que le parecían montañas, llegó a la puerta de la colmena, a tiempo que comenzaban a caer frías gotas de lluvia.

-¡Ay, mi Dios! -clamó la desamparada-. Va a llover, y me voy a morir de frío. Y tentó entrar en la colmena.

Pero de nuevo le cerraron el paso.

-¡Perdón! -gimió la abeja-. ¡Déjenme entrar!

-Ya es tarde -le respondieron.

-¡Por favor, hermanas! ¡Tengo sueño!

-Es más tarde aún.

-¡Compañeras, por piedad! ¡Tengo frío!

-Imposible.

-¡Por última vez! ¡Me voy a morir! Entonces le dijeron:

-No, no morirás. Aprenderás en una sola noche lo que es el descanso ganado con el trabajo. Vete.

Y la echaron.

Entonces, temblando de frío, con las alas mojadas y tropezando, la abeja se arrastró, se arrastró hasta que de pronto rodó por un agujero; cayó rodando, mejor dicho, al fondo de una caverna.

Creyó que no iba a concluir nunca de bajar. Al fin llegó al fondo, y se halló bruscamente ante una víbora, una culebra verde de lomo color ladrillo, que la miraba enroscada y presta a lanzarse sobre ella.

En verdad, aquella caverna era el hueco de un árbol que habían trasplantado hacia tiempo, y que la culebra había elegido de guarida.

Las culebras comen abejas, que les gustan mucho. Por eso la abejita, al encontrarse ante su enemiga, murmuró cerrando los ojos:

-¡Adiós mi vida! Esta es la última hora que yo veo la luz.

Pero con gran sorpresa suya, la culebra no solamente no la devoró sino que le dijo: -¿Qué tal, abejita? No has de ser muy trabajadora para estar aquí a estas horas.

-Es cierto -murmuró la abeja-. No trabajo, y yo tengo la culpa.

-Siendo así -agregó la culebra, burlona-, voy a quitar del mundo a un mal bicho como tú. Te voy a comer, abeja.

La abeja, temblando, exclamó entonces: -¡No es justo eso, no es justo! No es justo que usted me coma porque es más fuerte que yo. Los hombres saben lo que es justicia.

-¡Ah, ah! -exclamó la culebra, enroscándose ligero -. ¿Tú crees que los hombres que les quitan la miel a ustedes son más justos, grandísima tonta?

-No, no es por eso que nos quitan la miel -respondió la abeja.

-¿Y por qué, entonces?

-Porque son más inteligentes.

Así dijo la abejita. Pero la culebra se echó a reír, exclamando:

-¡Bueno! Con justicia o sin ella, te voy a comer, apróntate.

Y se echó atrás, para lanzarse sobre la abeja. Pero ésta exclamó:

-Usted hace eso porque es menos inteligente que yo.

-¿Yo menos inteligente que tú, mocosa? -se rió la culebra.

-Así es -afirmó la abeja.

-Pues bien -dijo la culebra-, vamos a verlo. Vamos a hacer dos pruebas. La que haga la prueba más rara, ésa gana. Si gano yo, te como.

-¿Y si gano yo? -preguntó la abejita.

-Si ganas tú -repuso su enemiga-, tienes el derecho de pasar la noche aquí, hasta que sea de día. ¿Te conviene?

-Aceptado -contestó la abeja.

La culebra se echó a reír de nuevo, porque se le había ocurrido una cosa que jamás podría hacer una abeja. Y he aquí lo que hizo:

Salió un instante afuera, tan velozmente que la abeja no tuvo tiempo de nada. Y volvió trayendo una cápsula de semillas de eucalipto, de un eucalipto que estaba al lado de la colmena y que le daba sombra.

Los muchachos hacen bailar como trompos esas cápsulas, y les llaman trompitos de eucalipto.

-Esto es lo que voy a hacer -dijo la culebra-. ¡Fíjate bien, atención!

Y arrollando vivamente la cola alrededor del trompito como un piolín la desenvolvió a toda velocidad, con tanta rapidez que el trompito quedó bailando y zumbando como un loco.

La culebra se reía, y con mucha razón, porque jamás una abeja ha hecho ni podrá hacer bailar a un trompito. Pero cuando el trompito, que se había quedado dormido zumbando, como les pasa a los trompos de naranjo, cayó por fin al suelo, la abeja dijo:

-Esa prueba es muy linda, y yo nunca podré hacer eso.

-Entonces, te como -exclamó la culebra.

-¡Un momento! Yo no puedo hacer eso: pero hago una cosa que nadie hace.

-¿Qué es eso?

-Desaparecer.

-¿Cómo? -exclamó la culebra, dando un salto de sorpresa-. ¿Desaparecer sin salir de aquí?

-Sin salir de aquí.

-¿Y sin esconderte en la tierra?

-Sin esconderme en la tierra.

-Pues bien, ¡hazlo! Y si no lo haces, te como en seguida - dijo la culebra.

El caso es que mientras el trompito bailaba, la abeja había tenido tiempo de examinar la caverna y había visto una plantita que crecía allí. Era un arbustillo, casi un yuyito, con grandes hojas del tamaño de una moneda de dos centavos.

La abeja se arrimó a la plantita, teniendo cuidado de no tocarla, y dijo así:

-Ahora me toca a mí, señora culebra. Me va a hacer el favor de darse vuelta, y contar hasta tres. Cuando diga "tres", búsqueme por todas partes, ¡ya no estaré más!

Y así pasó, en efecto. La culebra dijo rápidamente: "uno..., dos..., tres", y se volvió y abrió la boca cuan grande era, de sorpresa: allí no había nadie. Miró arriba, abajo, a todos lados, recorrió los rincones, la plantita, tanteó todo con la lengua. Inútil: la abeja había desaparecido.

La culebra comprendió entonces que si su prueba del trompito era muy buena, la prueba de la abeja era simplemente extraordinaria. ¿Qué se había hecho?, ¿dónde estaba?

No había modo de hallarla.

-¡Bueno! -exclamó por fin-. Me doy por vencida. ¿Dónde estás?

Una voz que apenas se oía -la voz de la abejita- salió del medio de la cueva.

-¿No me vas a hacer nada? -dijo la voz-. ¿Puedo contar con tu juramento?

-Sí -respondió la culebra-. Te lo juro. ¿Dónde estás?

-Aquí -respondió la abejita, apareciendo súbitamente de entre una hoja cerrada de la plantita.

¿Qué había pasado? Una cosa muy sencilla: la plantita en cuestión era una sensitiva, muy común también aquí en Buenos Aires, y que tiene la particularidad de que sus hojas se cierran al menor contacto. Solamente que esta aventura pasaba en Misiones, donde la vegetación es muy rica, y por lo tanto muy grandes las hojas de las sensitivas. De aquí que al contacto de la abeja, las hojas se cerraran, ocultando completamente al insecto.

La inteligencia de la culebra no había alcanzado nunca a darse cuenta de este fenómeno; pero la abeja lo había observado, y se aprovechaba de él para salvar su vida.

La culebra no dijo nada, pero quedó muy irritada con su derrota, tanto que la abeja pasó toda la noche recordando a su enemiga la promesa que había hecho de respetarla.

Fue una noche larga, interminable, que las dos pasaron arrimadas contra la pared más alta de la caverna, porque la tormenta se había desencadenado, y el agua entraba como un río adentro.

Hacía mucho frío, además, y adentro reinaba la oscuridad más completa. De cuando en cuando la culebra sentía impulsos de lanzarse sobre la abeja, y ésta creía entonces llegado el término de su vida.

Nunca, jamás, creyó la abejita que una noche podría ser tan fría, tan larga, tan horrible. Recordaba su vida anterior, durmiendo noche tras noche en la colmena, bien calentita, y lloraba entonces en silencio.

Cuando llegó el día, y salió el sol, porque el tiempo se había compuesto, la abejita voló y lloró otra vez en silencio ante la puerta de la colmena hecha por el esfuerzo de la familia. Las abejas de guardia la dejaron pasar sin decirle nada, porque comprendieron que la que volvía no era la paseandera haragana, sino una abeja que había hecho en sólo una noche un duro aprendizaje de la vida.

Así fue, en efecto. En adelante, ninguna como ella recogió tanto polen ni fabricó tanta miel. Y cuando el otoño llegó, y llegó también el término de sus días, tuvo aún tiempo de dar una última lección antes de morir a las jóvenes abejas que la rodeaban:

-No es nuestra inteligencia, sino nuestro trabajo quien nos hace tan fuertes. Yo usé una sola vez de mi inteligencia, y fue para salvar mi vida. No habría necesitado de ese esfuerzo, si hubiera trabajado como todas. Me he cansado tanto volando de aquí para allá, como trabajando. Lo que me faltaba era la noción del deber, que adquirí aquella noche. Trabajen, compañeras, pensando que el fin a que tienden nuestros esfuerzos -la felicidad de todos- es muy superior a la fatiga de cada uno. A esto los hombres llaman ideal, y tienen razón. No hay otra filosofía en la vida de un hombre y de una abeja.

Fin.
 

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Irma N Villanueva Español 9



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1. Ejemplos Libros

Libro (Impreso): Un Autor

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Libro: Tres o más Autores

Apellido, N., Apellido, N. y Apellido, N. (Año). Título del Libro. (Edición). Lugar: Casa Publicadora.

Libro: Por editor

Apellido el Editor, N. (Ed.) (Año). Título del Libro. (Edición). Lugar: Casa Publicadora.

Libro: Sin Autor y Editor

Título del Libro. (Edición). (Año). Lugar: Casa Publicadora.

Libro (Electrónico)

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Libro (Versión Electrónica de un Libro Impreso)

Apellido, N. I. (Año publicación). Título del recurso [Versión Digital PDF]. (Edición). Lugar: Casa Publicadora.


Libro: Capítulo

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2. Publicaciones Periódicas (Revistas o Magazines)

Artículo de Revista: Impresa

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Artículo de Revista (Sin Autor)

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Periódicos

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Artículo de Periódico en Línea

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3. Video de You Tube

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4. Software de Computador

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5. Documentos en el Web

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jueves, 8 de noviembre de 2012

Recursos lingüísticos deText & Information Processing

 
Los miembros del grupo Text & Information Processing (TIP) investigan y desarrollan herramientas y aplicaciones en áreas de la lingüística computacional, lexicografía, procesamiento del lenguaje natural, indización, almacenamiento de información y conocimiento y educación tecnológica desde 1992. Los miembros de TIP son profesores del Departamento de Informática y Sistemas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

http://www.facebook.com/tipgroup#!/tipgroup


RECURSO 1: Conjugador de verbos del español TIP

Rodríguez-Rodríguez, G; Carreras-Riudavets, F; Hernández-Figueroa, Z; (2009). Conjugador de verbos del español TIP. Available at http://tip.dis.ulpgc.es

Para ver la conjugación de un verbo se debe introducir su infinitivo en la casilla y hacer clic con el ráton en el botón Conjugar. Próximamente, se incorporará un lematizador para admitir como entrada cualquier forma conjugada de un verbo de la base de datos, contemplando el reconocimiento de pronombres enclíticos y/o prefijos. Los nombres de los tiempos verbales usados corresponden a la terminología académica y a la establecida por Andrés Bello en su Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos (1847), vigente en varios países de Hispanoamérica.
El Conjugador TIP de verbos del español presenta por separado la conjugación de formas en negativo, la conjugación pronominal y la conjugación con el sujeto en femenino, con el fin de hacer más sencilla la información que muestra. Además, se han incorporado las diferentes conjugaciones, aceptadas por la Asociación de Academias de la Lengua Española, correspondientes a distintas zonas geográficas: el uso de vos como segunda persona del singular (principalmente usada en Río de la Plata) y el uso de ustedes como segunda persona del plural (principalmente usada en las Islas Canarias y en la mayor parte de Hispanoamérica), y el uso de formas de respeto usted y ustedes.

 

RECURSO 2: Separador de sílabas - Silabeador TIP

Silabeador TIP es una aplicación en línea que realiza la separación en sílabas de cualquier palabra española. Silabeador TIP usa un separador de sílabas basado en criterios ortográficos que complementa con una herramientas de análisis morfológico, que soporta más de cuatro millones de palabras, y con una base de datos, que tiene más de 80 mil relaciones semántico-léxicas, para realizar separaciones de forma inteligente por componentes , averiguando, primero, si la palabra existe, para posteriormente identificar la posible existencia de afijos que condicionen la silabación. El código fuente en C++ del silabeador básico se puede descargar gratuitamente bajo licencia GNU General Public License.
 

RECURSO 3: Parametrizador morfológico de textos - ParamText TIP

Text & Information Processing ha desarrollado una herramienta de ayuda al escritor y a los estudiosos de libros, novelas, narrativa, poesía y de todo tipo de textos, denominada Parametrizador Morfológico de Textos TIP (Pruebe el Paramtext TIP). El Paramtext TIP analiza un documento y extrae información estadística de interés. Extrae el vocabulario del texto y realiza el análisis morfológico de todas las palabras. Ofrece información métrica de interés y la distribución de las palabras según distintos criterios. Distingue las palabras vacías en todos sus análisis. Los datos analizados se muestran en gráficas y en tablas, exportables a Microsoft excel, para su estudio y análisis posterior por el usuario.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Concordancia

 

Recurso #1

CONCORDANCIA GRAMATICAL:
Es la igualdad de género y número entre adjetivo o artículo y sustantivo, y la igualdad de número y persona entre el verbo y el sujeto.
 
Coincidencia obligada -o deseable- de determinados accidentes gramaticales (género, número y persona) entre distintos elementos variables de la oración (verbos, sustantivos, adjetivos, artículos...).

 

TIPOS DE CONCORDANCIA:
NOMINAL

Coincidencia de género y número que establecen el sustantivo, el pronombre o el sujeto con otros elementos variables de la oración (no verbales).
VERBAL
Coincidencia de número y persona que establece el verbo con el sujeto al que se refiere.

"La concordancia es la armonía que deben guardar entre sí el adjetivo con el sustantivo y el verbo con el sujeto. Cuando el verbo se refiere a un solo sujeto, concuerda con él en número y persona y cuando el adjetivo se refiere a un solo sustantivo, concuerda con él en género y número."

Género: característica gramatical de los nombres por la que se clasifican en femeninos, masculinos o neutros y que se corresponde con el sexo o con una clasificación arbitraria.

Número: categoría gramatical que permite la oposición entre singular y plural.

Persona: categoría gramatical, propia del verbo y del pronombre, que hace referencia a la relación de los hablantes respecto del discurso. La persona del verbo denota si el sujeto de la oración es el que habla, aquel a quien habla o aquel a quien se habla.
 
Recurso # 2
Concordancia entre sustantivos y adjetivos.
Adjetivo y sustantivo concuerdan en género y número gramaticales.
Clavel perfumado (masc. sg.)
Rosas rojas (fem. pl.)
Adjetivo referido a dos o más sustantivos va en plural.
Cielo, paisaje y mar sureños.
Canción y copla nostálgicas.
Adjetivo referido a sustantivos de distinto género, toma la terminación masculina.
Viento y lluvia huracanados.
Romance y balada antiguos.
Casos Especiales
Adjetivo antepuesto a sustantivo generalmente concuerda con el primero.
Luminosas las mañanas y los atardeceres.
Adjetivo pospuesto a sustantivos puede concordar con el último.
Elegancia y donaire discretos.
Con sustantivo colectivo seguido de complemento en plural, el adjetivo concuerda ya en singular con el colectivo, ya en plural con el término del complemento. De ambas se prefiere la primera concordancia.
Tropel de palabras injusto, impropio.
Tropel de palabras injustas, impropias.
Con colectivos de persona en singular, como MULTITUD, MUCHEDUMBRE, GENTÍO, GENTE, etc., los adjetivos pueden ir en plural.
Salió la muchedumbre, mitad pacíficos, mitad enardecidos.
Tratamientos de forma femenina como MAJESTAD, EXCELENCIA, SEÑORÍA, ILUSTRÍSIMA, ALTEZA, SANTIDAD cuando llevan adjetivo, este concuerda con el sexo de la persona designada.
Su Majestad está atento a sus palabras.
Ansioso y molesto se acerca Su Excelencia.


Concordancia entre sujeto y verbo.
El verbo concuerda con el núcleo de su sujeto en número y personas gramaticales.
Los faroles de la esquina proyectan su luz mortecina.
Faroles: 3ª persona plural
Proyectan: 3ª persona plural
Casos Especiales
A sujeto compuesto corresponde verbo en plural.
El ciruelo y el duraznero eran nubes rosadas
Ciruelos y durazneros eran nubes rosadas.
Si los núcleos de un sujeto compuesto representan a personas gramaticales distintas, para la concordancia se prefiere la primera persona a la segunda, y esta, a la tercera. En cuanto al número, por tratarse de un sujeto compuesto, el verbo va en plural.
Tú, él y yo constituiremos una sociedad formal.
Tú: 2ª persona singular
Él: 3ª persona singular Constituiremos: 1ª persona plural
Yo: 1ª persona singular
Tú y él conocéis mis puntos de vista.
Tú: 2ª persona singular Conocéis: 2ª persona plural
Él: 3ª persona singular
USTED y su plural USTEDES -pronombres de 2ª persona- se usan con el verbo en 3ª persona.
Usted siempre está dispuesto a todo.
Usted: 2ª persona singular. Está: 3ª persona singular.
Ustedes desconocen la lección del día.
Ustedes: 2ª persona plural. Desconocen: 3ª persona plural.
Si el núcleo del sujeto es un sustantivo colectivo seguido por un complemento cuyo término está en plural, el verbo podrá concordar indistintamente ya en singular con el colectivo núcleo, ya en plural con el término del complemento.
La bandada de gallaretas volaba a ras del suelo.
La bandada de gallaretas volaban a ras del suelo.
Cuando en un sujeto compuesto, uno de sus núcleos los resume o contiene significativamente a todos los demás, el verbo concuerda en singular con dicho núcleo.
El papá, la mamá y los niños, la familia en pleno, saldrá de vacaciones.
Cuando los núcleos singulares de un sujeto compuesto están unidos por los coordinantes NI y O, es frecuente y posible el empleo del verbo ya en singular, ya en plural.
Uno u otro espera su recompensa.
Uno u otro esperan su recompensa.
Ni uno ni otro comprende su actitud.
Ni uno ni otro comprenden su actitud.
Cuando los núcleos de un sujeto compuesto son formas neutras, el verbo se emplea en singular.
Esto y aquello interesa poco.
Cuando los núcleos de un sujeto compuesto son infinitivos, el verbo se emplea en singular.
Me agrada estudiar y dibujar.
Ir y venir resulta fatigoso.
 
"Un grupo de amigos ¿vendrá?/¿vendrán? a visitarme"... "El 40% de los entrevistados no ¿contestó?/¿contestaron?"...

"La comisión invalidó ¿su propio?/¿sus propios? estatuto y legislación"... "La gente de origen y habla ¿francesa?/¿franceses? predomina en la provincia de Quebec"... "La desorganización, además de las fallas técnicas, provocó?/¿provocaron? un disgusto generalizado"...
 

Recurso #3

Corrección Idiomática: La concordancia gramatical

Aunque las reglas de concordancia son sencillas, se registran numerosas anomalías, tanto en la lengua hablada como en la escrita.
En la oración debe expresarse concordancia entre los siguientes elementos:
  • Entre artículo, sustantivo y adjetivo.
  • Entre el núcleo del sujeto y el verbo.
  • Entre el relativo y su antecedente sustantivo.
  • Entre las formas pronominales "lo, la, los, las" y el complemento directo.
  • Entre las formas pronominales "le, les" y el complemento indirecto.
Expliquemos de manera más detallada:
  • Debe haber concordancia gramatical de género y número, entre el artículo, el sustantivo y el adjetivo:
el cuaderno negro las páginas blancas un caluroso día este amoroso tormento
  • Entre el núcleo del sujeto y el verbo, debe haber concordancia de número y persona:
yo gané tú ganaste él ganó nosotros ganamos ellas ganaron
  • También debe haber concordancia entre el sustantivo y el verbo en las oraciones en voz pasiva con "se", aunque en este caso la concordancia es sólo de número:
Se venden sodas. Se alquila apartamento. Se alquilan apartamentos.
  • Como vimos en el tema sobre el uso de nexos, los relativos deben concordar con su antecedente en género y número (a veces sólo en número):
Era cómodo el auto en el cual viajé. Las mujeres con quienes lo vi me lo dijeron.
Hay varias sillas, las cuales son cómodas. Llegaron los niños con quienes jugué..
  • Las formas pronominales "lo, la, los, las" concuerdan en género y número con el complemento directo:
Yo lo vi a él. Yo la vi a ella. Yo los vi a ellos. Yo las vi a ellas.
  • Las formas pronominales "le y les" deben concordar en número con el complemento indirecto:
Yo le di los libros a él. Yo les di los libros a ellos. Yo les di el libro a ellos.
Errores: Correcciones:
Se alquila cómodos apartamentos. alquilan
Las mujeres estaban muy triste. tristes
Contemplaba el vuelo de los águilas. las
No somos capaz de hacerlo. capaces
Las mujeres a quien vi me lo dijeron. quienes
Se publicó en el periódico todos los artículos. publicaron
Le entregué el trabajo a los niños. Les
En esa tienda se vende sodas y hielo. venden
Les envié las cartas a la directora. Le
No les encontró donde los había dejado. los
¿No les has visto por aquí? los
Se vende arroz, frijoles y maíz. venden
Entrégales los lápices a tu hermano. Entrégale
Ya se anunció los nuevos productos. anunciaron
Ayer se aprobó los tratados. aprobaron
Tu opinión y tu actitud lo convenció. convencieron
Ya estamos abierto. abiertos o Ya abrimos
Las jóvenes más inteligente lo lograron. inteligentes
Existen algunos casos especiales de concordancia gramatical:
  • Cuando los colectivos van acompañados de un complemento del nombre, se admite la doble concordancia con el verbo; son correctas, por ejemplo, las siguientes oraciones: Un enjambre de abejas voló. Un enjambre de abejas volaron.
  • Con el verbo "ser" también puede darse la doble concordancia cuando el sujeto está en singular y el predicado nominal o predicativo subjetivo está en plural, o viceversa; son correctas, pues, todas las oraciones siguientes: El problema eran las consecuencias. El problema era las consecuencias. Las consecuencias son lo que me preocupa. Las consecuencias es lo que me preocupa.
  • Los sustantivos femeninos que empiezan con "a" (o "ha") acentuada deben acompañarse de artículos masculinos cuando se usan en singular: el alma, el águila, el hambre, el área, el arma, el agua. Igual ocurre cuando se usan con los indefinidos: un águila, algún águila, ningún águila, un área. Pero debe darse la concordancia normal cuando se acompañan de los demostrativos: esa alma, aquella alma, esa águila, esta águila, esa agua, esta arma, esa área.
Observemos los siguientes casos especiales de concordancia en oraciones con el verbo ser:

Errores: Correcciones:
Yo soy de los que defiendo la vida. Yo soy de los que defienden la vida.
Yo soy de los que defendemos la vida. Yo soy de los que defienden la vida.
Tú eres de las que trabajas con entusiasmo. Tú eres de las que trabajan con entusiasmo.
Soy de los que deseo el cambio. Soy de los que desean el cambio.
Soy de los que deseamos el cambio. Soy de los que desean el cambio.
Él es de los que desea el cambio. Él es de los que desean el cambio.
Ella es de las que desea el cambio. Ella es de las que desean el cambio
Marcos es de los que desea el cambio. Marcos es de los que desean el cambio.

En las oraciones anteriores, el segundo verbo debe concordar con el pronombre relativo que es sujeto de la proposición subordinada (los que, las que). Ello sólo ocurre con las tres personas del singular. Si el sujeto del verbo ser corresponde a una de las personas del plural, el verbo de la proposición subordinada debe concordar con ese sujeto: Nosotros somos de los que deseamos el cambio. Somos de los que trabajamos con entusiasmo. Vosotros sois de los que deseáis el cambio. Ustedes son de los que desean el cambio. Ellos son de los que desean el cambio.

Errores: Correcciones:
Yo soy uno de los que lucho. Yo soy uno de los que luchan.
Yo soy uno de los que lucha.
Yo fui uno de los que preví el resultado. Yo fui uno de los que previeron el resultado.
Yo fui uno de los que previó el resultado.
Tú eres una de las que quieres triunfar. Tú eres una de las que quieren...
Tú eres una de las que quiere triunfar.

En estas oraciones, el verbo de la proposición subordinada puede concordar con el relativo (los que, las que) o con el núcleo del atributo en el que está incluida la proposición (uno, una), pero no con el sujeto del verbo ser (yo, tú). Lo subrayado sólo es así en oraciones donde ese sujeto corresponde a la primera o segunda persona del singular. Con las otras personas gramaticales la concordancia se da de la siguiente manera: Él es uno de los que luchan o Él es uno de los que lucha, Nosotros somos unos de los que luchamos, Vosotros sois unos de los que lucháis, Ustedes son unos de los que luchan, Ellos son unos de los que luchan.
En las oraciones que siguen, sin embargo, se admite la concordancia con el sujeto principal (yo, tú) y también con el relativo (el que, quien). Esto ocurre en oraciones en las que el sujeto principal es la primera o segunda persona del singular:

Yo soy el que te envío rosas. Yo soy el que te envía rosas.
Yo soy el que tanto te amo. Yo soy el que tanto te ama.
Yo soy quien te amo. Yo soy quien te ama.
Tú eres el que mandas. Tú eres el que manda.
Tú eres quien decides. Tú eres quien decide.

Con las demás personas gramaticales la concordancia se da de la manera siguiente: Él es quien manda, Ella es quien manda, Nosotros somos quienes mandamos, Vosotros sois quienes mandáis, Ustedes son quienes mandan, Ellos son quienes mandan, Ellas son quienes mandan.

http://www.articuloz.com/idiomas-articulos/correccion-idiomatica-la-concordancia-gramatical-4448031.html